Al final, siempre llegas a tu destino
¿Nadie se da cuenta? ¿Nadie se queja? Me preguntan muchas veces al ver mis fotos de pasajeros. Los entiendo, en parte. Aunque los espacios en los que fotografiamos son públicos los momentos son íntimos. En la locura de la masificación citadina buscamos intimidad en el anonimato de la muchedumbre. Observar ese espacio parece ser algo inquietante para quienes lo consideran íntimo. Se da por sentado que los demás pasajeros tampoco están interesados en sus compañeros, que todos comparten el código de no-existir simultáneamente en el mismo espacio… tal vez es más un no percibir compartido, una ceguera auto impuesta. Si no lleváramos cámaras pero mirásemos con la misma presencia que puede tener este libro mirando con nuestros ojos seguramente nos enfrentaríamos al mismo problema, una transgresión. Alguien sonreiría, sí… pero serían los menos.








